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Mandrágora, la planta de las brujas
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Mandrágora, la planta de las brujas

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Apenas existe tal misterio en la actualidad, porque apenas existen mandrágoras.

O no existen al menos mandrágoras cuyas raíces tengan la forma clásica de la mandrágora legendaria. Es una forma que recuerda un cuerpo humano. Y a esta raíz prodigiosa se le han atribuido, en otros tiempos virtudes. Y se ha vendido a precios muy elevados como afrodisíaco garantizado. De lo que no se tiene noticia es de los resultados. La verdad es que existe en nuestro país una planta con este nombre. Es planta antigua, pues el nombre es griego. No se conoce el significado de esta palabra mandrágora, que en griego es el nombre de una planta. [...] La planta a la que la leyenda, ya desde antiguo, atribuye virtudes, tiene la raíz en forma de ser humano. Pero no parece que ninguna planta tenga la raíz de veras de esta forma. Es posible que las raíces de la mandrágora de formas más o menos parecidas a hombrecitos hayan sido previamente manipuladas. Y también, posiblemente, falsificadas con otras raíces, las de algunos Alliums o las de Brionia. Sí, parece que lo único que tiene de veras aprovechable la mandrágora es su leyenda. Desde muy antiguo se han atribuido virtudes y hechizos a estas raíces en forma de cuerpos humanos, procedan de donde procedan. Se ha dicho que son los mejores amuletos para tener la suerte de cara en empresas sentimentales y de negocios.

La Historia de esta planta va ligada a las más sombrías leyendas sobre todo en la Europa Medieval, donde para empezar, se situaba su origen justo a los pies de la horca donde había sido ajusticiado algún hombre y la planta crecía de las gotas de semen producidas en la última erección y eyaculación del ahorcado. Pero no hay que adelantarse porque hay muchísimas más referencias anteriores de esta planta…

La mandrágora, cuyo nombre botánico es mandrágora officinarum, es muy común en todas las regiones mediterráneas. Prácticamente no tiene tallo y las hojas y flores crecen de la superficie de la raíz. La parte exterior puede llegar a superar el metro de altura. Sus hojas son pecioladas, de un bonito color verde, las flores de color violáceo y sus frutos (bayas) amarillos. Pertenece a la familia de las solanáceas y sus raíces son gruesas y bipartitas.

En fin, que poseer una mandrágora es tener resueltos todos los problemas. Y es natural que si un herborista, o un mago, posee alguna, no la venda si no se la pagan bien.

La leyenda asegura que todas las raíces de mandrágora se transforman en hombrecitos de verdad, como pequeños duendes, y que se dedican a favorecer al dueño de la planta. No asegura la leyenda que todas las raíces de mandrágora tengan forma humana. Que la tienen algunas, sí. Y que éstas son las verdaderas plantas hechiceras. El afortunado poseedor de una raíz de mandrágora en forma de hombrecito sostiene que esta planta, en el momento de arrancarla grita. Y que el grito mata a quien intenta arrancarla.

Y que el procedimiento para arrancarla y salvar la vida es el siguiente.
Se cava hondo alrededor de la raíz hasta ponerla al descubierto. Mientras no se intente arrancarla no hay peligro. Se ata una cuerda a la raíz y el otro extremo se ata al cuello de un perro. Se llama al perro desde cierta distancia. El perro quiere acudir, tira de la planta y la arranca, grita, y el perro muere. No hay más remedio que sacrificar al perro. Pero se ve que, dado el poder hechicero de la mandrágora, merece la pena sacrificar un perro.
La mandrágora ha sido protagonista de muchas leyendas y rituales. Los magos hacían con ella algo similar a una figura humana, tallaban una figura en sus raíces presionando la raíz a cierta altura para formar un supuesto cuello, y cortando todas las bifurcaciones excepto cuatro, que serían las extremidades, y las adoraban como a dioses. Durante la Edad Media era utilizada por las brujas para sus diferentes rituales y ungüentos.
Se creía que la planta tenía características humanas porque sus raíces parecían dos piernas. Según creencias populares crecía bajo los patíbulos donde caía el semen a veces eyaculado por los ahorcados (durante las últimas convulsiones antes de la muerte o por erección y eyaculación postmorten). De ahí la dificultad de conseguir una de estas plantas con propiedades mágicas reales. No era suficiente replantan la mandrágora, pues esta carecía de propiedades ocultas. La única mandrágora que era valida, era aquella que nacía bajo un ahorcado, fruto de las ultimas gotas de semen de este. Se decía, que para mantener viva a la mandrágora una vez arrancada, se tenia que bañar la raíz en un cuenco de leche, mezclado con sangre.
Muy posiblemente todas estas tradiciones y creencias, no sean mas que fruto de la mitología y las tradiciones populares. A buen seguro, nadie utilizo la mandrágora como tal, dado lo irreal de la creencia. Pero como dicen en Galicia.. habeilas hailas.
En la España medieval, al igual que en toda Europa, y quizás con mas razón, dado que España fue una de las tierras con mas ciencias ocultas y alquimicas de esas épocas. Toledo.. el Escorial, la universidad de Salamanca.. son solo algunas pruebas de las tradiciones y creencias de esa España oscura del renacimiento y baja edad media. En esa España medieval, también se utilizo, o eso se dice, la mandrágora como planta de brujas.
La raíz mágica era usada tanto en magia negra como en magia blanca, ya que es venenosa y curativa al mismo tiempo, según el uso.

La Biblia habla de la mandrágora en cuatro ocasiones, tres en el libro del Génesis y otra en el Cantar de los Cantares (Cantar de los Cantares de la Biblia católica).
Génesis 30:14 - 16
Y fue Rubén en tiempo de la siega del trigo, y halló mandrágoras en el campo, y las trajo a Lía su madre. Entonces Raquel dijo a Lía: Dame, te ruego, las mandrágoras de tu hijo. Y Lía le contestó:
¿Te parece poco que me hayas quitado el marido que quieres quitarme las mandrágoras de mi hijo también?
Y dijo Raquel:
Pues dormirá contigo esta noche a cambio de las mandrágoras de tu hijo. Y cuando Jacob volvía del campo a la tarde, salió Lía a recibirle y le dijo:
Debes llegarte a mí, porque ciertamente te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo. Y él durmió con ella aquella noche.
Se decía que las pociones de amor preparadas con raíz de mandrágora tenían el poder de proporcionar la fertilidad. El mismo efecto se atribuye a las bayas amarillas (dudaim) que produce la planta. Posiblemente éste sea el origen del nombre de la planta en hebreo, derivado de una palabra que significa “amor”. Por esta razón le pidió Raquel estas bayas a Lía.
Sin embargo, de acuerdo con el folclore hebreo, lo que Rubén se encontró en el campo, fue un burro muerto, que había sido atado a unas mandrágoras, y tratando de escapar de sus ataduras, había arrancado las mandrágoras y se secaron. Este puede ser el comienzo de la historia del grito que fue, casi con toda seguridad, quedó perpetuado como un método para evitar el robo de una planta valiosa.
En el Cantar de los Cantares, el esposo habla de esta planta a su esposa cuando la invita a unirse a él en una agradable caminata al aire libre:
“Y allí te daré mis amores.
Ya dan sus aroma las mandrágoras”.
Uno de los tratados más completo de plantas medicinales sigue siendo la obra del malagueño Ibn Beithar, escrita en el siglo XIII. El herbolario árabe, se refiere a la mandrágora como “vela del Diablo” quizá refiriéndose al aspecto brillante de la planta por la noche (fenómeno frecuentemente producido por las luciérnagas). Por este mismo motivo también se le llama “la lámpara de los Elfos”. También según Ibn Beithar, el rey Salomón, llevaba en su famoso anillo una pequeña porción de esta planta y gracias a su poder podía dominar a los genios.
Otros eruditos árabes afirman que Alejandro Magno utilizó los poderes mágicos de esta planta en su conquista de Oriente y que cura numerosas enfermedades, entre ellas la pérdida de la memoria. El nombre árabe de la mandrágora es Abdul Salam, “siervo de la salud”.
La raíz de mandrágora se utilizó para la invulnerabilidad, para descubrir los tesoros, y como amuleto para el embarazo. Cuando estaba bien preparado también podría ser utilizado como un afrodisíaco.
En La Odisea de Homero, se dice que la hechicera Circe había utilizado una poción mágica hecha de jugo de mandrágora para primero inflamar a los hombres de amor y luego convertirlos en cerdos. Los griegos le pusieron el nombre de “la planta de Circe” en su honor y desde entonces se le ha relacionado con brujas y las artes mágicas.

De la mandrágora se decía que sus virtudes maravillosas procedían del hecho de ser el producto vivo de donde salió Adán, el primer elemento vital de la humanidad, de los animales y las plantas. Viejas leyendas afirman que son precisas ciertas precauciones para recoger la mandrágora en la tierra: escoger el día propicio, que podía ser el viernes, o día de Venus, o en el sabbat, es decir, el sábado. Unos aconsejaban la oscuridad de la noche y otros el alba. Otros más, los primeros días de septiembre.
Planta sagrada a Hécate, diosa de las encrucijadas, de la noche y de la luna, la mandrágora cura la epilepsia y ahuyenta a los demonios. La mandrágora es una planta ambivalente, siempre tuvo una doble identidad: en el hombre esta raíz cura el cuerpo y el alma pero al mismo tiempo puede llevarlo a la perdición. Ella otorga un sueño reparador pero también provoca la locura. Puede matar sin piedad pero es un remedio contra el veneno de las serpientes. Es un anestésico que permite realizar intervenciones quirúrgicas pero puede provocar alucinaciones terribles. Es símbolo de la incertidumbre y de la ambigüedad.
"La pócima o brebaje mágico de la historia de Romeo y Julieta estaba compuesta por Solanum somniferum, la belladona, el beleño y el opio." Despertando de su sueño no se siente la cabeza pesada ni se recuerda lo sucedido.

 

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