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Almas Gemelas: Un encuentro sagrado •
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Almas Gemelas: Un encuentro sagrado •

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Almas Gemelas: Un encuentro sagrado •

























"Cuando encuentres el amor verdadero dentro de ti,
otros te encontraran a ti;
y ese amor que no puede verse,
se reflejara en tus ojos;
y ese amor que no puede oírse,
retumbará en tu voz".


 
Todos hacemos un convenio sagrado de encontrarnos y cada encuentro nuestro es un milagro; cada uno de nosotros acepta un compromiso de encontrarse.
Cada uno de nosotros experimenta la llegada de ese encuentro sagrado de diferentes maneras y esa experiencia también hace parte del trayecto. Por un lado, el miedo que sentimos a vivir la realización de ese convenio, confronta dolorosamente nuestra necesidad de cambiar y evadimos esa necesidad respaldados en excusas, disculpas o pretextos; a pesar de esa habilidad para evadirse los convenios sagrados nunca se rompen, pero si se aplazan.
Muchas de las almas gemelas que hicieron el convenio de encontrarse en esta Tierra no se encuentran y la razón principal de que esto no suceda, es que:

El convenio sagrado de encontrarse se realiza en un estado santo en donde no existe el tiempo y donde no existe el dolor; las almas gemelas convienen encontrarse siendo conscientes de que los convenios sagrados son inmortales y hacen el convenio en un estado de consciencia en que el dolor no es posible.

Sin embargo, cuando las almas gemelas llegan a lugares distintos en esta Tierra, la primera variable con la cual no cuentan es que en esta Tierra el tiempo si existe y la separación que viven estos seres especiales a través del tiempo y del espacio, produce una confusión que deriva en vacío y soledad; ese vacío y esa soledad produce un dolor interior que para muchos seres resulta imposible soportar, porque la separación durante todos esos años es dolorosa. Muchas almas gemelas renuncian a encontrarse porque ese dolor les vence y el tiempo termina por convencerlos de que esa búsqueda sagrada es una mentira, una locura y una causa perdida. Pero sobretodo

Porque se sienten abandonadas y perdidas sin su alma gemela.

Cuando siendo seres conscientes hacemos el convenio sagrado de encontrarnos en esta Tierra, lo hacemos viviendo un estado de consciencia en donde sabemos a ciencia cierta que somos merecedores del amor verdadero; es decir, sabemos que es un hecho y no una mera creencia; porque en ese estado la única posibilidad es el amor verdadero.
Sin embargo, al llegar a esta tierra perdemos esa certeza y adquirimos la falsa creencia de que nacimos para mendigar las migajas del amor que desde siempre merecemos por derecho de consciencia. En ese sentido, todas nuestras actividades se convierten en una clara resistencia para evadir ese encuentro sagrado, porque durante estos años hemos experimentado las decepciones de equivocarnos, de crear falsas expectativas, de mentirnos, de culparnos, de chantajearnos y de prostituir aquel conocimiento sagrado conformándonos y resignándonos como ultimo recurso, con una sombra mal hecha de aquello que inicialmente buscamos.
La primera pregunta que resolveremos a partir de una corta meditación, es:  

¿Realizamos el convenio sagrado de encontrarnos con nuestra alma gemela? 

 
Lo haremos escuchando la melodía que mas nos permita soñar; con los ojos cerrados, el cuerpo relajado y buscando, después de respirar profundamente, la imagen de la casa que queremos habitar; vamos a recorrerla al ritmo de esa melodía, debemos tocar sus rincones, percibir sus aromas, experimentar las emociones de estar recorriendo los espacios de dicha casa y finalmente, cada persona, se dirige al sitio que mas le agrada en esa casa para averiguar si su alma gemela se encuentra en esta tierra en cumplimiento del convenio sagrado que realizaron en un estado santo de consciencia.
Cuando te encuentres en el lugar mas especial de dicha casa, si tu alma gemela se encuentra en esta tierra, podrás verla, tocarla y escucharla; será un encuentro leve, pero la experiencia será increíblemente bella e inolvidable, recordaras entonces si hiciste esa promesa y recordaras qué prometiste. Sabrás entonces si realizaron el convenio de encontrarse en esta tierra y a partir de ese conocimiento podrás reiniciar la búsqueda.
Las almas gemelas no se reúnen por capricho sino por misión; es decir, vienen a cumplir además de un convenio sagrado, una misión sagrada referente al Amor. Por esa razón, la búsqueda del alma gemela es también sagrada, porque tiene un propósito altruista que trasciende la necesidad de encontrarse solamente; es decir, el convenio sagrado se cumple para una razón especial referente al Amor.
La búsqueda sagrada tiene dos opciones: el camino del dolor y el camino del propósito. Por el camino del dolor es demasiado probable que las almas gemelas no cumplan su convenio. Por el camino del propósito, las almas gemelas siempre se encuentran para cumplir su convenio y su misión.
El propósito dignifica y edifica la búsqueda sagrada, porque tiene que ver directamente con nuestra capacidad de soñar y es a través de esta capacidad que podemos iniciar el camino de transformación necesario para encontrar a nuestra alma gemela. Sin embargo, debemos admitir que nos resulta muy difícil admitir que son los antivalores como nuestra soberbia, nuestro orgullo, nuestro egoísmo y nuestro miedo los que nos han vencido, impidiendo que finalicemos con éxito nuestra búsqueda sagrada; en ese sentido el camino de transformación se vuelve doloroso, mientras no admitimos que somos nosotros mismos quienes deseamos el encuentro con nuestra alma gemela y simultáneamente nos negamos ese encuentro por temor.
Después de hacer la anterior meditación y de vivir ese encuentro leve con nuestra alma gemela; somos conscientes de dos verdades: la primera es que nuestra alma gemela existe y quiere encontrarnos también; la segunda, es que no estamos listos para encontrarnos con nuestra alma gemela; es decir, la razón por la cual en este momento no estamos a su lado físicamente es que hemos alimentado un sistema de creencias que nos impulsa a evadir ese encuentro y la razón, es que en un nivel muy intimo creemos que no merecemos ser amados verdaderamente por lo que somos en la actualidad.
Para encontrar a nuestra alma gemela debemos dar comienzo al proceso de transformación interior y este proceso esta relacionado con la creación de un sueño sobre la persona que queremos ser y con el compromiso sincero de realizar esa transformación; es decir, debemos crear un sueño tan hermoso que su realización sea menos dolorosa que la decisión de renunciar a el.
En concreto: El compromiso de transformarse debe ser inquebrantable.
Hasta este momento hemos concluido que no sabemos vivir y que no somos felices como vivimos; es decir, la transformación es necesaria para experimentar la felicidad; sin embargo, el proceso de transformación interior no es fácil y su necesidad debe partir después de plantearse honestamente las siguientes preguntas:

¿Siendo como soy ahora, soy visible para mi alma gemela?

¿Soy yo en este momento la persona ideal para mi alma gemela? 

 
Somos expertos en evadir el amor y la felicidad; por esa razón la respuesta es obvia en la mayoría de los casos; no somos la persona ideal para el alma gemela y por esa razón, no estamos a su lado en este instante; en concreto, hemos demostrado durante años que no sabemos ser felices nosotros mismos y se nos dificulta compartir algo diferente a esa incapacidad.
Socialmente nos hemos adaptado y hemos desarrollado una enorme habilidad para juzgar y criticar, para sentir culpa, resentimiento y rencor; en conclusión, para permanecer en conflicto con nosotros mismos en un nivel muy intimo que nos resulta difícil admitir; si ese ser tan hermoso que es nuestra alma gemela nos viera por unos minutos en ese conflicto implacable, es casi seguro que no excluiría de su camino o dicho de una mejor manera:

No seriamos visibles para ese ser especial.

Por otro lado, llevamos varios años sin compartir la experiencia del alma gemela y soportamos un doloroso vacío producto de esos años de soledad; debemos tener en cuenta que entrar a una relación sin resolver este vacío y esta soledad complica todo; en primer lugar, todos podemos casarnos con otra persona y no necesariamente con nuestra alma gemela, porque al entrar en relaciones sin haber resuelto nuestro vacío y nuestra soledad, establecemos relaciones que nunca van a funcionar y que sabemos bien, pueden durar mucho tiempo sin que por ello aporte crecimiento real a las partes. Hemos comprobado que este tipo de relaciones genera una dependencia emocional que resulta muy difícil resolver, pues ambas partes han aportado a la relación sus carencias y sus falsas expectativas, siendo ambos parásitos emocionales y dedicándose a justificar el dolor, culpando al otro por su incapacidad para hacerle feliz.
A través del ultimo planteamiento, concluimos que tenemos una resistencia enorme en un nivel muy intimo para encontrarnos con nuestra alma gemela; es decir, para evadir nuestro vacío y nuestra soledad le otorgamos la responsabilidad a otro de hacernos felices, porque en un nivel muy intimo hemos comprobado que somos incapaces de ser felices por cuenta propia y necesitamos justificar esa incapacidad responsabilizando a otra personas de nuestro deber y derecho; generalmente, la otra parte esta en la misma condición; es decir, compartiendo su vacío y su soledad, entregándole a su pareja la responsabilidad de hacerle feliz para evadir su deber y derecho personal de ser feliz; finalmente culpando al otro por su incapacidad para hacerle feliz.
Comprobamos nuevamente nuestra habilidad para evadirnos de nuestro deber y derecho: Ser felices y ser amor; hemos desarrollado una enorme resistencia al amor y a la felicidad recreando excusas, disculpas y pretextos validos para nuestra necesidad de experimentar vacío y soledad, pero falsas para la búsqueda sagrada.
Es decir, nadie es culpable de nuestras carencias, cada uno eligió responsablemente un sistema de creencias donde las carencias son posibles y cada uno puede elegir responsablemente lo contrario cuando sinceramente lo elija.
Si tuviese el valor de verme realmente como soy, averiguaría lo que hay de malo en mí y trataría de corregirlo. Tendría así la oportunidad de aprovechar mis errores y de comprender algo de la experiencia de otros, pues sé que ahora estaría en otro lugar y seria una mejor persona si hubiese dedicado mas tiempo a analizarme, a estudiar mis debilidades y a dedicar menos tiempo a inventar excusas para taparlas.
Podemos concluir ahora que durante mucho tiempo hemos tenido nuestro interior lleno de excusas y cuando alguien nos ofrece una oportunidad para el amor y la felicidad, nos evadimos y arrojamos a cambio esas excusas; la vida no lo hace por nadie, cada uno de nosotros lo elige libremente. El amor no está, porque es rechazado y la felicidad no está, porque es rechazada, ¿Como? ¡Con nuestras excusas! Es difícil reconocer que hemos inventado una excusa para cada ocasión y es realmente peligroso que nosotros necesitemos creer nuestras propias excusas para vivir frente a los demás.
Algo práctico es que la vida nos da siempre todo aquello que nosotros creemos; es decir, si creemos que una excusa es valida en nuestra experiencia de vida, así será nuestra vida: Una exclamación permanente de dicha excusa y una realidad en nuestra cotidianidad. El precio que debemos pagar para encontrar a nuestra alma gemela es el de la transformación y no es un precio fácil de pagar, porque nos hemos adaptado a ser una falsa expresión de nuestra verdadera esencia; es decir, en un nivel muy intimo nos auto rechazamos al negarnos cada oportunidad de amar y ser felices; porque nos hemos resignado a creer en nuestras excusas y lo mas curioso, hemos logrado que los demás a nuestro alrededor las crean también y las validen.
Somos inmensamente caprichosos y regateamos con Dios cuando le pedimos que nos envíe a nuestra alma gemela; pedimos su mejor idea para nosotros y le pedimos simultáneamente, que su mejor idea sea la persona (Pepito(a) Pérez) quien creemos nos conviene. Erróneamente alimentamos la idea de que transformarnos significa que nos darán al final del camino como premio a la persona de nuestro capricho (Pepito(a) Pérez).
Nosotros decimos que Dios puede darnos a alguien mejor, pero caprichosamente esperamos que sea Pepito (a) Pérez). Pedimos que nos ame verdaderamente, pero no estamos dispuestos a invertir nada en esa búsqueda sagrada ni en el proceso de transformación; queremos que esa persona nos de felicidad, pero ni siquiera hemos elegido la felicidad como un estado personal; queremos que lo de todo por nosotros, pero no estamos dispuestos a ceder nuestro orgullo a cambio. En conclusión: deseamos aquello que simultáneamente nos negamos y en lo que no creemos sinceramente.
En este estado de consciencia y de amor la gente correspondiente es la que atraemos; es decir, seres con el mismo estado de consciencia y de amor; dicho de una mejor manera, seres que tienen nuestras mismas carencias alimentadas por un sistema de creencias falso. Cuando realizamos el proceso de transformación interior, empezamos a atraer a seres con un estado de consciencia y de amor correspondiente a los cambios producidos; es decir, seres que han realizado la misma transformación y que viven ese estado armónico de libertad, porque aquello que comparten es la abundancia interior; es decir, las carencias desaparecen en el proceso de transformación y ese es un valor agregado de nuestra búsqueda sagrada. Atraemos siempre a los seres correctos de acuerdo a nuestro estado de amor o de carencia.
Generalmente empezamos el proceso de transformación haciendo cambios externos en nuestra apariencia física, en nuestra forma de vestir, cambiando de casa, cambiando de trabajo, cambiando de amigos, cambiando nuestras habilidades intelectuales, en el control de nuestras emociones, actuando de manera diferente frente a quienes nos agradan (siendo excesivamente románticos) y terminamos haciendo una negación rotunda a quienes realmente somos; es decir, el camino de transformación se ha convertido entonces en una jornada de auto rechazo, en donde terminamos fingiendo ser alguien que realmente jamás seremos, pues de esa manera no respondemos mas que a nuestra carencia interior, la cual reflejamos exteriormente para atraer el mismo tipo de carencia en los demás.
Cuando esta búsqueda sagrada empieza a acumular años sin tener éxito, adquirimos una herida producida por la soledad y el dolor que sentimos por estar separados de nuestra alma gemela; en el caso de las mujeres, desarrollan un rechazo y enojo hacia los hombres; en el caso de los hombres, desarrollan un rechazo y enojo hacia las mujeres. Esto se explica así:

TANTO HOMBRES COMO MUJERES DESEAN SER ENCONTRADOS PRIMERO

De esta manera, nos estamos negando inocentemente a vivir precisamente la experiencia que deseamos: el encuentro sagrado con nuestra alma gemela.

¿Por que no encontramos a nuestra alma gemela? 
 
Primero: Le tenemos miedo. En el caso de que nuestra alma gemela estuviese un instante frente a nosotros, no la podríamos ver, porque el dolor que alimentamos durante tantos años nos cegaría y la haría invisible frente a nosotros. Además, nuestra alma gemela se ha convertido en un ser desconocido y por otro lado, la soledad y el dolor se han vuelto nuestros compañeros; es decir, nos hemos adaptado por un lado y por otro, le tenemos miedo al gran desconocido: El amor verdadero de nuestra alma gemela.
Segundo: Hemos desarrollado un orgullo muy grande que nos impide admitir que somos nosotros quienes estamos cometiendo el error de renunciar a vivir el encuentro sagrado. No estamos dispuestos a aceptar que apoyados en diferentes excusas alejamos la oportunidad de encontrarnos con nuestra alma gemela y sobretodo, excusas que hemos fabricado libremente para creer que no merecemos el amor verdadero de nuestra alma gemela.
Tercero: El dolor y la soledad que hemos experimentado durante tantos años han logrado que renunciemos a nuestra búsqueda sagrada y que nos resignemos a las migajas del amor verdadero que merecemos desde siempre por derecho de consciencia. Es decir, hemos aceptado la soledad y el dolor, porque íntimamente descubrimos que lo podemos soportar; incluso, que lo podemos evadir sin morir en el intento.
En conclusión: Nuestro miedo, nuestra soledad, nuestro dolor y nuestra resignación, han logrado que la búsqueda sagrada haya terminado para muchos de nosotros sin haber comenzado. Es decir, una búsqueda sagrada que ni siquiera estamos realizando no puede jamás terminarse y por esa razón, encontrar el alma gemela a través de un proceso de transformación es algo imposible para muchos, porque son muchos quienes no hacen nada para lograrlo.
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